Bienvenidos a nuestro artículo “piloto” de Fashion Fashionae, la versión web de nuestro pódcast de moda homónimo, presentado por Beatriz Antón y Pedro Mansilla. A los mandos de la imagen y el sonido se encuentran Álvaro López-Chicheri y Álvaro Bonís.
Iremos subiendo a esta página todos los artículos que escribimos para nuestro pódcast, por lo que siempre podréis leer más detenidamente la información que tratamos en cada capítulo, incluidas las entrevistas.

Quizás os interese saber quiénes somos. Pedro es sociólogo, periodista y crítico de moda, profesor en el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM), así como en diversas universidades de España, y Beatriz es diseñadora de moda, licenciada por el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM), fundadora y directora de la marca BAT Studio. Ambos trabajamos en el mundo de la moda y, por tanto, no sólo tenemos derecho, sino también ganas de hablar y opinar sobre lo que más nos gusta.
Os damos la bienvenida a todos los que os sintáis, como nosotros, unos apasionados de la moda, interesados, curiosos, enamorados, víctimas, o como sea que cada uno prefiera etiquetarse en este aspecto.
Se preguntarán el porqué de un pódcast de moda, incluso el porqué de otro pódcast de moda. Pues bien, hemos llegado a la conclusión de que la mayor parte de información de moda que nos llega a través de Redes Sociales o internet se nos suele quedar corta, no tanto por la imagen, que suele estar bien trabajada, sino por el contenido, que suele ser insuficiente o estar poco contrastado, incluso suele ser poco interesante. En definitiva, queremos mantener la calidad de la imagen (en la versión podcast), sin por ello dejar de decir cosas interesantes, incluso muy interesantes.
Para empezar cada pódcast, así como para empezar cada artículo, siempre haremos una pequeña sección dedicada a dar un repaso a las noticias que nos parezcan más interesantes del sector de la moda. Esta semana os dejamos link de enlace a la web de BOF News, para que podáis leer las 10 claves que se espera que este 2024 rijan el ecosistema de la moda.

Planteando cuál podría ser nuestro primer capítulo/artículo, llegamos a la conclusión de que sería interesante, puesto que hay tantos pódcasts de moda en línea, analizar, literalmente, qué es un pódcast de moda. Y para ello, hemos decidido diseccionarlo y analizar qué es un pódcast y qué es la moda.
En nuestra mente, un pódcast no deja de ser un programa de radio grabado, al que se le añade el factor imagen, no sólo el sonido. Diríamos que el plato fuerte siempre fue la radio, pero es verdad que, a partir de la pandemia, los pódcasts empezaron a dejar de ser algo “marginal” para convertirse en uno de los formatos preferidos por el público. Y ya se sabe que el público, como el cliente, tienen la razón. También nos hemos topado en la RAE con que pódcast está perfectamente dicho en castellano, puesto que se trata de un anglicismo plenamente aceptado; simplemente, y de forma muy española, habría que añadir una tilde en la “o” (pódcast).

Y ahora viene el plato fuerte. Hemos decidido, como si fuese sencillo, intentar explicar la otra parte de la ecuación: qué es la moda.
Y claro, aquí hay una pequeña gran duda, grandísima, siendo honestos. Porque se han hecho miles de conferencias, miles de disertaciones, miles de ensayos, opiniones, artículos, etc, etc., y no hemos llegado todavía a una definición concreta. Pero claro, hay un problema, porque la moda no es lo mismo para un diseñador que para un periodista, una bordadora, una planchadora, un patronista, un modisto, alguien que se dedica a la logística de moda, marketing de moda, a un “nariz”, un diseñador textil, un empresario, un product manager o un ingeniero textil. Para cada una de esas personas la moda es algo totalmente distinto, porque cada uno de estos sectores abarca miles de aspectos que a priori nada tendrían que ver, o poco. Pero nosotros creemos que todo, todo, todo, está relacionado. Y en este caso, íntimamente relacionado.
Podríamos intentar abordar el tema desde dos perspectivas distintas: una sería intentar encontrar un momento y un lugar en la historia en el que podamos situar el comienzo de la moda tal y como lo entendemos hoy en día; la otra opción sería hablar de qué factores son esenciales para hablar de moda, y no sólo de indumentaria. Pero como somos muy ambiciosos, vamos a abarcar ambas opciones. Vamos a empezar por esta última, porque así podemos poner ciertas bases.
Para empezar, diríamos que para que haya moda tiene que haber traje, aunque hoy en día la relación de la moda es tan sofisticada que prácticamente no haría falta ni siquiera un traje, y nos vienen a la mente, salvando las distancias, dos referencias.
Primero, el desfile “Burka” de Hussein Chalayan en 1996, en el que hace una reflexión del mundo árabe (él es un diseñador turcochipriota) visto a través de los ojos occidentales, y en este desfile en particular hay una progresión desde la primera modelo, totalmente cubierta por un burka, hasta la última modelo, que es un desnudo integral, a excepción de unas sandalias negras planas y una especie de antifaz que la protege mínimamente de estar completamente desnuda, o, al menos, la protege de ser consciente de ello.

La segunda referencia, a pesar de que no nos encanta esta película por la imagen banal que transmite del mundo de la moda, es la película “Prêt-à-porter” de Robert Altman, del año 1994. En este caso, es en una de las escenas finales, en la que todas las modelos aparecen completamente desnudas en un desfile de moda, donde se da esta paradoja de la moda: un desfile sin ropa, la moda sin el traje. (Cuando hablamos de una película, nos guste o no nos guste, siempre recomendamos verla).
Entonces tenemos claro que, para que haya moda, tiene que haber traje, ¡o debería! Pero no sólo eso; si no, habría moda stricto sensu en Roma, en Grecia, en Egipto, etc. Pero no es así, porque seguimos necesitando más patas en nuestra mesa metafórica.
El segundo factor es que tú te vistes, en parte, para que otros te vean, y aquí traemos a colación a Marcel Mauss, que dice que “la moda es un fenómeno social total”, es decir, ¿de qué va todo esto? La moda es un juego social continuo, queramos o no. Lo que nos gustaría, voluntaria o involuntariamente, es que los demás vean lo que llevamos puesto, que les guste, lo envidien, deseen tenerlo, nos pregunten quién es el diseñador, dónde lo hemos comprado, por cuánto, etc, etc. Incluso los hay que quieren que la reacción sea la opuesta, que lo odien, que no lo comprendan, que lo desprecien, etc.

También nos vienen a la mente otras dos referencias bibliográficas esenciales en moda, que son “La psicología de la moda”, de John Carl Flügel, en la cual explica magistralmente cómo el ser humano pretende formar parte de un grupo y al mismo tiempo diferenciarse de él; y “La filosofía de la moda”, de Georg Simmel, en la cual explica magistralmente cómo el ser humano pretende formar parte de un grupo y al mismo tiempo diferenciarse de él.

No sólo podemos saber cosas básicas de una persona a través de lo que lleva puesto, sino que podemos llegar a conclusiones mucho más sofisticadas. Sabemos su edad, pero también la edad que quiere representar; sabemos su sexo, pero también el sexo o género con el que se identifica; sabemos su profesión, y cómo se siente respecto a esa profesión; sabemos su estado mental, y lo creíble que pueda ser esa representación de su estado mental.
Y ya no sólo se trata de un juego social con los demás, sino que la moda ha supuesto una alteración del propio ser, una autoobservación estética sin precedentes.
Ya tenemos los dos primeros factores: el traje y la sociedad.
El tercero a tener en cuenta es que hace falta que tengamos tiempo libre, un poco la sensación de que “no tenemos nada que hacer”. Si no tenemos mucho tiempo libre, sería absurdo dedicarle tanto tiempo y esfuerzo a nuestra imagen y a intentar ir impecablemente vestidos, pero claro, nuestra sociedad cada vez tiene más tiempo libre (incluso para hablar de lo que hacemos en nuestro tiempo libre).
Históricamente, y más tarde hablaremos de ello, los únicos que tenían tiempo libre eran los pertenecientes a las clases altas. ¿Por qué? Porque tenían no sólo los recursos económicos para permitirse estos lujos, sino también el tiempo libre para elegir tejidos, el corte, el largo, hacer pruebas con el sastre o la modista, ir a bailes, fiestas, cenas donde enseñar, hablar y opinar sobre esos trajes…

Hoy en día, con la brutal transformación digital en la que estamos sumergidos, es cierto que cada vez tendemos a tener “más tiempo libre”. Compramos casi todo online, nos reducen las jornadas laborales gracias, en parte, a la inteligencia artificial, etc. Esto, cada vez, nos da más horas extra, o bien para dedicarlas a nuestras aficiones, o bien para ver lo que hacen los demás a través de Instagram, TikTok, YouTube, etc. Una vez más, volvemos al juego social, esta vez online.
La última pata de la mesa sería que la moda, dependiendo de la época, conforma cierta silueta, y esto nos podría dar para más de un artículo, porque la evolución de las siluetas femenina y masculina ha sido espectacular y, a veces, de lo más inverosímil (otra vez, Simmel). No sólo estamos hablando de los alucinantes corsés de los siglos XVIII y XIX, que llevaban mujeres, hombres, niños, e incluso embarazadas, con todos los problemas de salud que esto les causaba, ni nos referimos sólo a los impresionantes miriñaques de los siglos XVII y XVIII, con Las Meninas y María Antonieta por bandera, sino que ahora mismo tenemos un modelo totalmente inalcanzable de silueta (a no ser que pasemos por quirófano), como la de Kim Kardashian y su “Klan”.

Ya no sólo tenemos que dedicar tiempo al traje, sino también a nuestro cuerpo, y aquí entran muchos factores, desde la alimentación hasta el deporte, o bien el sedentarismo, poniéndose de moda en los años 20 hacer deporte para tener una figura delgada y esbelta (es Yvonne Deslandres quien analiza magistralmente el factor deporte en la moda; también James Laver), evitando cualquier tipo de curvas y buscando una figura ciertamente andrógina, e incluso hoy en día la “fiebre” por las operaciones estéticas, que han sido una consecuencia inevitable de las redes sociales y la falsa imagen que transmiten de los “modelos a seguir”, cuando el 90% de fotografías llevan un buen rato de edición, o una buena dosis de maquillaje y filtros de lo más surrealistas. Lo que está claro es que la moda suele requerir una silueta que, para alcanzarla, nos exige ponernos en peligro.
A modo de resumen, ya tenemos las cuatro patas de la mesa: el traje, la sociedad o juego social, el tiempo libre y la silueta.
Y a partir de estos cuatro factores, podemos rebobinar y volver a nuestro otro posible acercamiento a la moda, que era intentar buscar una fecha y un lugar en el que podamos decir que empieza a darse la moda tal y como la conocemos hoy en día. Y por seguir un poco este mismo esquema, podríamos acudir a los grandes historiadores de la moda, desde François Boucher hasta James Laver o Matthäus Schwartz. ¿Por qué les elegimos? Pues porque son historiadores de la moda o, mejor dicho, de la indumentaria, del traje.

El otro día leíamos un artículo en la revista “Fearless” en el que se hacía una reflexión sobre la moda y la gastronomía, entrevistaban en este caso a Ágatha Ruiz de la Prada y a Rafael Ansón, y era Ágatha la que hacía un apunte muy acertado, y es que la indumentaria (o el traje) y la comida son dos cosas absolutamente esenciales para el ser humano, pero la historia ha evolucionado tan sofisticadamente que esas dos cosas se han convertido, la indumentaria, por un lado, en la moda, y la comida, por el otro, en la gastronomía; ya no es tan importante el traje o la materia prima como las ideas que hay detrás de ellas.

Entonces aquí, por mucho que se nos intente justificar que ya había moda en Roma, en Grecia, en Egipto, en la culturas fenicia, celta, íbera, etc… realmente lo que hay que matizar es que había traje, y eso no quita que fuesen trajes muy sofisticados tanto en su elaboración como en la procedencia de sus tintes o los métodos empleados para realizarlos.
Lo que queremos decir es que para que lo pudiésemos considerar moda, tendrían que haberse dado cambios mucho más repentinos, ya que uno de los aspectos esenciales de la moda es que sea cíclica, y que esos períodos sean perfectamente diferenciables y reconocibles por cualquier observador. Pero, especialmente, que esos períodos se intercalen con cierta rapidez; hoy en día quizás con demasiada rapidez, ya que las dos colecciones anuales se han convertido en de dos a cuatro colecciones prêt-à-porter, dos colecciones de alta costura, y dos colecciones crucero. Pero, realmente, la esencia de la moda cíclica era que la moda cambiase cada seis meses, cada cambio de estación.
Nos plantamos en la segunda posible fecha, que sería, más o menos, 1400, el final de la Edad Media y la transición que se vive en Europa hacia la Edad Moderna. ¿El lugar? Nos vamos al ducado de Borgoña, que se dio entre los años 880 y 1482 d. C. Territorialmente corresponde más o menos con la actual provincia de Borgoña, que corresponde al este de Francia.

Se preguntarán por qué hemos decidido dar un salto de cientos de años, pero es que es aquí donde nos encontramos con cierta claridad con la segunda pata de la mesa: el juego social. Y no lo decimos nosotros, sino que los grandes pensadores de la moda han coincidido en esta fecha también.
Es Gilles Lipovetsky el que en “La era del vacío”, pero sobre todo en “El imperio de lo efímero”, probablemente citando a Boucher, nos habla más extensamente del ducado de Borgoña y por qué lo considera el nacimiento de la moda tal y como la conocemos hoy en día. Y citamos al autor: “sólo hay sistema de la moda cuando el gusto por las novedades llega a ser un principio constante y regular”.

Es decir, en sociedades cerradas durante siglos al exterior, como por ejemplo la japonesa, es muy común encontrarnos con prendas que han permanecido inalteradas durante siglos, en este caso, el kimono. Es en el capítulo introductorio del libro en el que Lipovetsky dice que desde mediados del siglo XIV hasta mediados del XIX de lo que hablamos no es de moda, sino de la fase inaugural o iniciática de la moda, puesto que se manifiestan las novedades, frivolidades y fantasías de forma sistemática y duradera. Pero esto sólo ocurre en grupos muy restringidos que monopolizan la iniciativa y la creación. “Es el momento del estadio artesanal y aristocrático de la moda”.
Y tiene razón, puesto que todavía los ciclos se alargan décadas en algunos casos; por ejemplo, el verdugado, una prenda que aparece en España hacia 1470, no desaparecerá hasta el siglo XVII, el jubón se utilizó durante sesenta años, y el “ringrave” durante cuarto de siglo. Obviamente estas prendas cambiaban ciertos detalles, no eran todas iguales, pero la prenda como tal se mantuvo más o menos inalterada.

Por tanto, tenemos la etapa inicial de la moda, pero seguimos sin tener el comienzo como tal de la misma. ¿Por qué dice Lipovetsky que esta etapa dura hasta mediados del siglo XIX? Pues porque llega una figura capital a la moda, y aquí ya tenemos la tercera pieza de nuestro puzle.
En este caso seguimos en Francia, pero nos movemos de Borgoña a París, y no es un francés quien reclama nuestra atención, sino un inglés afincado en París, tal y como ocurriría un siglo después con Cristóbal Balenciaga, un español que obtuvo el verdadero éxito al afincarse en París.
Pero el personaje del que estamos hablando no es Balenciaga, sino Charles Frederick Worth. ¿La fecha en la que comienza la moda como tal? 1858. ¿Por qué? Pues porque ese año es en el que Worth funda su propia maison en la Rue de la Paix, junto a su socio Otto Bobergh. Worth asumiría la dirección en solitario de la maison en 1871.

La verdadera importancia de Worth reside en varios factores. Para empezar, hay un cambio radical en la puesta en marcha de las colecciones. Ya no es el cliente el que elige los tejidos, el corte, el largo, las siluetas… sino que es el propio Worth el que dicta qué se llevará la próxima temporada. Invita a sus clientas a pases de moda, el comienzo de las actuales pasarelas, donde les presenta modelos inéditos confeccionados con antelación y, he aquí otro factor esencial en Worth, sin tener en cuenta los gustos y medidas de la clienta. Es decir, por vez primera, el modisto no se adapta a las exigencias de la clientela (obviamente se hacían excepciones, al igual que hoy en día, con clientas de elevado rango social; en aquel momento, la princesa Bonaparte y Eugenia de Montijo); la creatividad, o más bien, la responsabilidad de la creatividad cae directamente sobre la figura del modisto.
No olvidemos otro factor muy importante que acabamos de mencionar. El modisto ya no va a casa de la clienta a mostrarle los tejidos de la temporada, ni a tomarle medidas, ni a tomar apuntes de lo que ésta desea (memorables escenas de las películas «Barry Lyndon» y «María Antonieta»), sino que realiza los famosos pases de modelos, y aunque hoy nos parezca extraño pensar en ello, no hubo modelos hasta este momento. Worth elige mujeres jóvenes, las futuras maniquíes, actuales modelos, denominadas “sosias” en la época, para que muestren los modelos junto con pequeños carteles con números identificativos de cada vestido. Tras el desfile, los modelos se harían a medida y bajo pedido.
La moda ya no es sólo artesanía, Worth consiguió convertirla en un verdadero negocio, y no sólo eso, sino en un verdadero espectáculo. ¿De dónde toma esta invitación a sus clientas? Aquí llega otro de los factores esenciales: Worth ya no se autopercibe como un artesano, sino como un modisto o, más bien, un artista. No hay más que ver su retrato a la manière de Rembrandt.

Toma la costumbre de los artistas de la época, que invitaban a sus clientes, mecenas y demás entendidos del sector a las famosas vernissage, visitas realizadas días antes de la inauguración oficial. Otra de las costumbres que toma de los artistas es la importancia de la firma; el modisto o couturier ahora firma su obra, en forma de etiquetas, lo cual no había ocurrido hasta el momento en ninguna maison. Al igual que en el arte, el modisto sabe la importancia que tiene su originalidad y, por tanto, la importancia que tienen sus creaciones, y lo llamamos creaciones precisamente porque son piezas irrepetibles; el propio código moral de la alta costura impide que se repitan. Por eso, en parte, las piezas de alta costura son tan caras, porque son irrepetibles, es una obra única.

La figura de Worth permitió que la moda se presentase en la Exposición Universal de París de 1900 con veinte nombres importantísimos de la época: Worth (1858), Rouff (1884), Paquin (1891), Soeurs Callot (1896), Doucet (1880), etc. En la Exposición Universal de 1925 se presentan setenta y dos casas, entre ellas Lanvin (1909), Chanel y Patou (ambas, 1910).

Aquí nos topamos con otro momento importantísimo para entender la moda hoy en día, que sería más o menos mediados del siglo XX, en concreto vamos a situarnos en 1959, cuando la Cámara Sindical de la Alta Costura de París cuenta ya con cincuenta maisons reconocidas.
Pero antes de explayarnos en esta última etapa que sí define por completo la moda tal y como la entendemos hoy en día, vamos a presentaros y recomendaros un libro a través del cual vamos a ir explicando este período lleno de transformaciones en el sector de la moda.
Se trata del libro “Memorias de la Moda”, de Didier Grumbach, editado por Superflua, en la maravillosa colección que realizan de libros de moda.

Didier Grumbach es uno de esos personajes absolutamente esenciales, aunque discreto, que ha sido y es historia viva de la moda. Didier es el heredero de C. Mendès, una marca familiar que se dedicaba a confeccionar abrigos (confección de alta calidad). Tal y como cuenta en el libro, tuvo una infancia muy complicada a causa de la guerra, pero siendo muy joven se hace con las riendas de la marca, ya que su tío, el otro posible heredero, estaba en el primer plano político de Francia, llegando a ser Primer Ministro por el Partido Socialista francés.
Es específicamente en el tercer capítulo del libro donde nos explica esta transición del mundo de la alta costura al prêt-à-porter, y la importancia de C. Mendès en esta transición.
Hay una falsa creencia popular que promulga que la batalla eterna entre alta costura y prêt-à-porter es entre dos mundos diametralmente opuestos, pero nada más lejos de la realidad: el prêt-à-porter nace de la propia alta costura.
Todo empezó porque Dior y otras maisons decidieron ampliar la planta baja de sus boutiques, donde vendían pañuelos, perfumes, bisutería, regalos, y también prêt-à-porter. Citamos al autor: “no los modelos de alta costura, por supuesto, sino prendas específicas que la casa no necesariamente quería producir por su cuenta. Era el caso de los abrigos, pues las clientas, incluso adineradas, no tenían por qué comprarlos a medida, ya que era posible encontrar un buen nivel de calidad en el prêt-à-porter, y con bastante rapidez surgieron vestidos y trajes especialmente diseñados para este propósito”.

Así, todos los diseñadores siguieron este modelo de las tiendas a pie de calle: Jacques Heim, Guy Laroche, Jean Dessès… Todos ellos vendían ropa con la etiqueta de sus firmas, pero eran piezas confeccionadas externamente a la marca. Al principio, eran pedidos muy modestos, de diez a quince unidades por modelo. Este modelo de negocio se extendió a las provincias, y se sumaron cada vez más marcas: Elsa Schiaparelli, Madeleine de Rauch, Rochas… La máquina ya estaba en marcha, y pronto llegó el gran descubrimiento: Estados Unidos.
Sí que se había colaborado anteriormente con los EEUU, pero simplemente se les vendían glasillas (muestras de las prendas realizadas en retor) o directamente los patrones, para que los modelos fuesen copiados, pero la calidad de confección estadounidense en ese momento era bastante inferior a la europea.

Es a partir de 1964 cuando se comienza a vender producto ya terminado para distribuir en los grandes almacenes americanos. En el caso particular de Didier Grumbach, tuvo que realizar algunos viajes a Nueva York acompañado de modelos europeas (puesto que se consideraba que las americanas no eran lo suficientemente profesionales), para hacer demostraciones de producto de todas las marcas con las que trabajaba, a cuyo abanico se sumaban cada vez más maisons, entre ellos Antonio Cánovas del Castillo de Rey, conocido como Castillo.
Precisamente Castillo será el gran detonador del prêt-à-porter europeo en EEUU. En 1965, Elizabeth Arden, poseedora de 22 institutos de belleza, confía en su talento para vender prêt-à-porter en sus tiendas, confeccionado por C. Mendès. El gran salto se da específicamente en los pedidos: se pasa de un modelo de pedidos modestos (de 10 a 15 por modelo, incluyendo todas las tallas) a realizar pedidos mucho mayores (8 unidades de la talla 36, 12 de la 38, 12 de la 40, 12 de la 42, 8 de la 44…). Es común creer que el prêt-à-porter nació de la mano de Yves Saint Laurent (Rive Gauche), pero todo esto que contamos ocurrió dos/tres años antes.

Esto supuso otro gran cambio en términos de producción: las empresas tuvieron que buscar espacios más grandes para confeccionar tantas unidades de tantas colecciones distintas, así que se vieron obligados a descentralizarse hacia las provincias, lo cual supuso una verdadera desindustrialización de París.
Tanto 1967 como 1968 fueron años de profundos cambios en la industria, Balenciaga ya estaba retirándose de la alta costura, y es ese mismo año (1968) cuando Air France le pide que realice los uniformes de sus azafatas. Es su amigo y Hubert de Givenchy quien le propone a C. Mendès para confeccionar, nada más y nada menos, que ¡19 mil piezas! El cambio de paradigma era más que palpable.

Otro de los grandes cambios son las etiquetas de las prendas: se elimina el rastro “producido por C. Mendès con autorización especial”; ya simplemente ponía “Madeleine de Rauch”, “Jacques Heim”, “Jean Patou”. Las colecciones de alta costura y la línea Boutique (prêt-à-porter) comenzaron a venderse complementariamente, sin hacer diferencias entre ellas. La empresa C. Mendès creció rápidamente, y decidieron buscar accionistas.
Llegamos al verdadero momento en que, después de todo lo que hemos hablado, podemos decir que surge la moda tal y como la entendemos hoy en día.
Es el año 1967, Yves Saint Laurent y Pierre Bergé se reúnen con Didier, y tras pensar bien qué modelo de negocio debían proponer para Saint Laurent, Didier llegó a la conclusión de que debían adoptar el modelo de franquicia, una verdadera novedad en el sector, relativamente fácil de llevar a cabo y muy barato.
El éxito fue absoluto, las clientas se llevaban diez o doce prendas de una vez. Y no eran precisamente las hijas de las clientas de la alta costura, sino las propias clientas de la alta costura, cansadas de un modelo que exigía dedicar demasiado tiempo libre a tomarse medidas y hacerse pruebas. Fueron ellas las que, encantadas de encontrar prendas de calidad a precios asequibles, agotaron la primera colección el día de la inauguración.

Así surge otra novedad esencial en cualquier empresa de moda hoy en día: el “jefe de producto”, que se debía encargar de la reposición de las tiendas y de los pedidos, así como de decidir quién produce qué, en qué lugar y cuántas unidades. La red de proveedores se fortaleció, puesto que se especializó. Se unieron empresas especializadas en punto, ropa deportiva, denim, cuero, blusas, saharianas etc. Y así nació Saint Laurent Rive Gauche, la primera red corporativa internacional de prêt-à-porter de lujo (sic): innecesaria puntualización que se hace en el libro, incluso oportunista, ya que, en su origen, el prêt-à-porter, aunque democrático, no dejaba de ser elitista. En sentido estricto, era la alta costura con derecho a reproducirse hasta cien veces. Así, se abarataba la exclusividad.
Cabe mencionar que el fenómeno prêt-à-porter no sólo tuvo lugar en París, sino que este mismo modelo fue trasladado a Italia de la mano de Walter Albini (Georgina O’Hara le dedica un apartado en su libro «The Fashion Encyclopaedia»), uno de los grandes olvidados hoy en día, pero este diseñador italiano no sólo impulsó el fenómeno prêt-à-porter en Italia a través de la colaboración con empresas de confección, sino que también fue uno de los grandes impulsores de la Semana de la Moda de Milán.

Y de esta forma cerramos nuestro primer artículo y pódcast de Fashion Fashionae. Hemos hablado de cosas realmente importantes y muy diferentes entre sí, hasta llegar a la conclusión, una vez más, de que todo, todo, todo está relacionado.
Esperamos que os haya resultado interesante, y estaremos encantados de recibir vuestras sugerencias, comentarios o matizaciones en los comentarios. Os dejamos todos los links a nuestras plataformas, así como el email al que podéis mandarnos sugerencias de temas que os interese que tratemos (contact@fashionfashionae.com).
Si os ha gustado, compartid el artículo con todos aquellos amigos y conocidos apasionados o curiosos de la moda y estad atentos a nuestra próxima entrada. Si no os ha gustado, ¡leedlo otra vez! Hasta la próxima semana. Hasta entonces, que tengáis una buena y elegante semana.
Beatriz y Pedro.





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